Me tapo los ojos
3/10/07
Y al final de la escalera....

-Estarías más cómoda sin la camisa
No fue una sugerencia lo que salió de los atractivos labios de mi Amo, ahora, con el paso de los años, al recordar aquella primera tarde juntos, me doy cuenta de que simplemente se limitó a expresar una orden alta y clara; expresó su deseo, su capricho, de manera tranquila e inalterable, sin ni siquiera variar el tono de Su voz. Para mí, esa primera orden significó un tremendo choque con la realidad: me encontraba en una habitación de hotel con un casi perfecto desconocido con el que precisamente no iba a mantener una cordial conversación. Había aceptado jugar siguiendo Sus reglas y ahora me daba cuenta de la crudeza de la situación, estaba allí para ser Su juguete, Su sumisa, no más que una perra en Sus manos.
Llegué a la conclusión de que estaba muerta de miedo.
Aún no me explico como tuve el valor de levantar la vista, clavarme en sus severos e impenetrables ojos y, con una fingida tranquilidad, decirle:
-Mira David, por qué no esperamos un poco? No estoy preparada, anda -y esto se lo dije intentando mostrar la mejor de mis sonrisas- vamos a tomarnos algo y hablamos un poco
-¿Acaso no harás esto por tu Amo?, ¿Acaso es tanto lo que te pido? No tengo ganas de que juguemos al gato y al ratón, y mucho menos estoy dispuesto a perder mi valioso tiempo con una perra caprichosa y desobediente
Y según soltaba su retahíla cogió la chaqueta, dio la vuelta y se dispuso a abandonar la habitación.
-¡No! Te lo suplico, perdona mi torpeza por favor, sólo estoy nerviosa pero no deseo jugar contigo
E intentando contener las lágrimas comencé a desabrocharme los primeros botones de la camisa. David paró en seco y permaneció en silencio durante unos segundos que se me hicieron eternos, luego, en un movimiento perfectamente estudiado se dio la vuelta y volvió a clavar su mirada en mí. Fue tal la intensidad con la que me observaba, con la que me devoraba, que no pude más que humillar la cabeza y seguir cumpliendo con Su orden. Entonces se acercó a mí, supongo que comenzaba a disfrutar del juego, El sabía, tenía la certeza de que mi ruego y mi posterior aceptación a obedecerle me habían conducido al principio del fin, a mis comienzos como sumisa y el inminente final de toda mi vida pasada. Me tenía delante cada vez más entregada, cada vez más Suya, cada vez más abandonada a mi destino: servirle como Su esclava y sentirme orgullosa de ser sólo eso, no más que algo que le pertenecía y con quien jugaría a Su placer.
Acarició mi cabeza con firmeza y la empujó levemente hasta hacerme caer de rodillas, me ordenó que estuviera completamente quieta y en silencio, y antes de que me diera cuenta ya había desaparecido dejándome sola, temblando de excitación y miedo, de placer y rabia, sintiéndome completamente llena en mi sumisión, en mi pequeña entrega. Cuando entró de nuevo en la habitación llevaba consigo un fino collar de cuero enganchado a una cadena y una hermosa y amenazadora fusta. Sin ni siquiera dignarse a mirarme, se sirvió un agua con gas y se acomodó en un sillón que previamente había colocado frente a mí.
-Perrita, mi querida y pequeña insolente sumisa, mírame, escucha bien esto que te voy a decir porque no lo repetiré de nuevo
Yo, que había permanecido todo el tiempo con la cabeza y la vista humillada, alcé los ojos para encontrarme con la dureza y la fuerza de los Suyos. Al poder mirarlo así, con total descaro, al tener aquella oportunidad de perderme en Su rostro, comencé a sentirme aún más nerviosa de lo que ya estaba. Me sentía totalmente despojada de mis ropas en mi cuerpo semidesnudo.
-Procura hacer simplemente lo que te digo, no debes plantearte mis ordenes, ya que si lo haces pensaré que tienes dudas o careces del deseo de complacerme. Así que si te digo que te desnudes, que te quites la camisa, lo haces, quiero ver las ansias de complacerme en tu mirada, en tus gestos, en tus palabras, incluso debes aprender a anticiparte, nunca jamás vuelvas a hacerme esperar. Y ahora ve a la cama y te colocas a cuatro patas, ¡vamos!, ¡Rápido perra!
En esta ocasión no tardé ni un segundo en colocarme tal como mi Dueño deseaba, pude verme reflejada en el espejo que tan estratégicamente había frente a la cama: creo que presentaba un aspecto ridículo, estaba desnuda de cintura para arriba, podía sentir mis pechos moviéndose al compás de mi agitada respiración. Aún conservaba la falda y las botas de tacón altísimo y también me acompañaban mis braguitas que a esas alturas se encontraban en un aspecto lamentable, estaban completamente mojadas, tanto que hasta podía oler mi sexo hambriento. Mi Amo se acercó llevando consigo la fusta y el collar, los puso delante de mi cara y obligándome a mirar me dijo:
-Observa bien este collar mi querida perra, míralo con cuidado, fíjate lo bello que es, debes amarlo del mismo modo que debes adorar a tu Dueño, este collar significa todo lo que te une a EL, representa tu condición de esclava. Hoy no te lo pondré, aún no lo has ganado, antes de tener el honor de llevar el collar de tu Señor debes mostrarme hasta que punto estás dispuesta a complacerme. Por cierto...acaso debo enseñártelo todo?- dijo al tiempo que empujaba un poco mi cabeza hacia abajo y levantaba mi culo- Creo que te queda mucho por aprender ni siquiera sabes cuál es la postura correcta que debes adoptar ante tu Señor; mira perra, un Amo siempre debe estar cómodo para usar a su zorra a su antojo! ¡ ese culo, vamos!
-Lo siento mi Señor, perdone se lo ruego, soy una mala sumisa que sólo piensa en su comodidad, no volverá a pasar- aún no entiendo como fui capaz de decir todo eso, era tanta la vergüenza que sentía que hubiera deseado que la tierra me tragase
-Y ahora mira la fusta, es casi tan bella como el collar de perra que será tuyo si te portas bien, también es muy importante, con ella te azotare a mi placer o te follaré hasta que me supliques una y otra vez que te rompa usándote. No siempre merecerás ser follada por tu Amo, no lo olvides, a veces simplemente te permitiré que me lamas después de haberme corrido en tu boca, y, escúchame bien zorra, deberás agradecérmelo, nunca olvides dar las gracias a tu Amo por haberte permitido ser el instrumento de su gozo
Dicho esto, y sin mediar una sola palabra más mi Dueño se colocó frente a mi, se bajó la cremallera y dejó ante mi ansiosa vista el gran bulto que pugnaba por salir de sus pantalones.
-¿Deseas lamerla, no es cierto? Te gustaría tenerla en tu boca y sentir lo dura que está, no es así perrita? No eres más que una puta viciosa, deberás aprender a olvidarte de tu placer y pensar sólo en el mío
Yo no me atreví ni a respirar, aunque creo que dejé escapar un gemido de desesperación al tiempo que alzaba un poco mas mi trasero ofreciéndoselo a mi Amo, deseando más que nunca que usara la fusta, que me azotara, deseando como una loca complacerlo en todo. Pareció adivinar mis pensamientos y, tras sacar su enorme polla de los calzoncillos que la oprimían y despojarme de falda, descargó el primer golpe sobre mi trasero.
ZAS!
Y después vino un segundo
ZAS!
Y un tercero
ZAS!
Y muchos más, tantos que perdí la cuenta ya que estaba demasiado entretenida en intentar no hacer mucho ruido, en no quejarme, para no molestar a mi Dueño que parecía estar disfrutando mucho. Aún así, me fue imposible callar por más tiempo, y de repente, me vi a mí misma haciendo algo que nunca pensé llegaría a hacer: suplicar
Parece que a mi Amo le molestó que lo sacara de su concentración ya que, en lugar de parar, descargo dos o tres golpes más en mis muslos con tal intensidad que no pude más que hundir mi cara en la cama e intentar guardar silencio. Agarró fuerte mi cabello y dando un tirón me hizo levantar la cabeza y mirarlo a los ojos, hecho esto sujetó su verga frente a mis hambrientos labios y dijo:
-¡Métela en tu boca, vamos! Deprisa! No quiero escuchar ni un solo gemido más, así que lámeme bien, dame más placer del que ya obtengo azotándote.
Yo comencé a lamer, a chupar Su polla lo mejor que sabía, sólo deseaba complacerlo, así que me concentré por completo en que mi Amo se corriera. Poco a poco los azotes se fueron haciendo más pausados, más suaves y, en lugar del ruido de la fusta, comenzaron a escucharse en toda la habitación los fuertes gemidos de mi Señor; con cada gemido empujaba más y más mi cabeza, hasta que en un momento se quedó completamente quieto y, tras un sonido gutural, comenzó a descargar toda Su leche dentro de mi boca, dentro de mi garganta y mis entrañas, hasta que quedó completamente seco y ahíto de placer.
-No ha estado mal perrita, nada mal, creo que me divertiré contigo
Después de hacerme limpiarle me tumbó con cuidado boca abajo y me estuvo acariciando hasta que quedé profundamente dormida.
No fue una sugerencia lo que salió de los atractivos labios de mi Amo, ahora, con el paso de los años, al recordar aquella primera tarde juntos, me doy cuenta de que simplemente se limitó a expresar una orden alta y clara; expresó su deseo, su capricho, de manera tranquila e inalterable, sin ni siquiera variar el tono de Su voz. Para mí, esa primera orden significó un tremendo choque con la realidad: me encontraba en una habitación de hotel con un casi perfecto desconocido con el que precisamente no iba a mantener una cordial conversación. Había aceptado jugar siguiendo Sus reglas y ahora me daba cuenta de la crudeza de la situación, estaba allí para ser Su juguete, Su sumisa, no más que una perra en Sus manos.
Llegué a la conclusión de que estaba muerta de miedo.
Aún no me explico como tuve el valor de levantar la vista, clavarme en sus severos e impenetrables ojos y, con una fingida tranquilidad, decirle:
-Mira David, por qué no esperamos un poco? No estoy preparada, anda -y esto se lo dije intentando mostrar la mejor de mis sonrisas- vamos a tomarnos algo y hablamos un poco
-¿Acaso no harás esto por tu Amo?, ¿Acaso es tanto lo que te pido? No tengo ganas de que juguemos al gato y al ratón, y mucho menos estoy dispuesto a perder mi valioso tiempo con una perra caprichosa y desobediente
Y según soltaba su retahíla cogió la chaqueta, dio la vuelta y se dispuso a abandonar la habitación.
-¡No! Te lo suplico, perdona mi torpeza por favor, sólo estoy nerviosa pero no deseo jugar contigo
E intentando contener las lágrimas comencé a desabrocharme los primeros botones de la camisa. David paró en seco y permaneció en silencio durante unos segundos que se me hicieron eternos, luego, en un movimiento perfectamente estudiado se dio la vuelta y volvió a clavar su mirada en mí. Fue tal la intensidad con la que me observaba, con la que me devoraba, que no pude más que humillar la cabeza y seguir cumpliendo con Su orden. Entonces se acercó a mí, supongo que comenzaba a disfrutar del juego, El sabía, tenía la certeza de que mi ruego y mi posterior aceptación a obedecerle me habían conducido al principio del fin, a mis comienzos como sumisa y el inminente final de toda mi vida pasada. Me tenía delante cada vez más entregada, cada vez más Suya, cada vez más abandonada a mi destino: servirle como Su esclava y sentirme orgullosa de ser sólo eso, no más que algo que le pertenecía y con quien jugaría a Su placer.
Acarició mi cabeza con firmeza y la empujó levemente hasta hacerme caer de rodillas, me ordenó que estuviera completamente quieta y en silencio, y antes de que me diera cuenta ya había desaparecido dejándome sola, temblando de excitación y miedo, de placer y rabia, sintiéndome completamente llena en mi sumisión, en mi pequeña entrega. Cuando entró de nuevo en la habitación llevaba consigo un fino collar de cuero enganchado a una cadena y una hermosa y amenazadora fusta. Sin ni siquiera dignarse a mirarme, se sirvió un agua con gas y se acomodó en un sillón que previamente había colocado frente a mí.
-Perrita, mi querida y pequeña insolente sumisa, mírame, escucha bien esto que te voy a decir porque no lo repetiré de nuevo
Yo, que había permanecido todo el tiempo con la cabeza y la vista humillada, alcé los ojos para encontrarme con la dureza y la fuerza de los Suyos. Al poder mirarlo así, con total descaro, al tener aquella oportunidad de perderme en Su rostro, comencé a sentirme aún más nerviosa de lo que ya estaba. Me sentía totalmente despojada de mis ropas en mi cuerpo semidesnudo.
-Procura hacer simplemente lo que te digo, no debes plantearte mis ordenes, ya que si lo haces pensaré que tienes dudas o careces del deseo de complacerme. Así que si te digo que te desnudes, que te quites la camisa, lo haces, quiero ver las ansias de complacerme en tu mirada, en tus gestos, en tus palabras, incluso debes aprender a anticiparte, nunca jamás vuelvas a hacerme esperar. Y ahora ve a la cama y te colocas a cuatro patas, ¡vamos!, ¡Rápido perra!
En esta ocasión no tardé ni un segundo en colocarme tal como mi Dueño deseaba, pude verme reflejada en el espejo que tan estratégicamente había frente a la cama: creo que presentaba un aspecto ridículo, estaba desnuda de cintura para arriba, podía sentir mis pechos moviéndose al compás de mi agitada respiración. Aún conservaba la falda y las botas de tacón altísimo y también me acompañaban mis braguitas que a esas alturas se encontraban en un aspecto lamentable, estaban completamente mojadas, tanto que hasta podía oler mi sexo hambriento. Mi Amo se acercó llevando consigo la fusta y el collar, los puso delante de mi cara y obligándome a mirar me dijo:
-Observa bien este collar mi querida perra, míralo con cuidado, fíjate lo bello que es, debes amarlo del mismo modo que debes adorar a tu Dueño, este collar significa todo lo que te une a EL, representa tu condición de esclava. Hoy no te lo pondré, aún no lo has ganado, antes de tener el honor de llevar el collar de tu Señor debes mostrarme hasta que punto estás dispuesta a complacerme. Por cierto...acaso debo enseñártelo todo?- dijo al tiempo que empujaba un poco mi cabeza hacia abajo y levantaba mi culo- Creo que te queda mucho por aprender ni siquiera sabes cuál es la postura correcta que debes adoptar ante tu Señor; mira perra, un Amo siempre debe estar cómodo para usar a su zorra a su antojo! ¡ ese culo, vamos!
-Lo siento mi Señor, perdone se lo ruego, soy una mala sumisa que sólo piensa en su comodidad, no volverá a pasar- aún no entiendo como fui capaz de decir todo eso, era tanta la vergüenza que sentía que hubiera deseado que la tierra me tragase
-Y ahora mira la fusta, es casi tan bella como el collar de perra que será tuyo si te portas bien, también es muy importante, con ella te azotare a mi placer o te follaré hasta que me supliques una y otra vez que te rompa usándote. No siempre merecerás ser follada por tu Amo, no lo olvides, a veces simplemente te permitiré que me lamas después de haberme corrido en tu boca, y, escúchame bien zorra, deberás agradecérmelo, nunca olvides dar las gracias a tu Amo por haberte permitido ser el instrumento de su gozo
Dicho esto, y sin mediar una sola palabra más mi Dueño se colocó frente a mi, se bajó la cremallera y dejó ante mi ansiosa vista el gran bulto que pugnaba por salir de sus pantalones.
-¿Deseas lamerla, no es cierto? Te gustaría tenerla en tu boca y sentir lo dura que está, no es así perrita? No eres más que una puta viciosa, deberás aprender a olvidarte de tu placer y pensar sólo en el mío
Yo no me atreví ni a respirar, aunque creo que dejé escapar un gemido de desesperación al tiempo que alzaba un poco mas mi trasero ofreciéndoselo a mi Amo, deseando más que nunca que usara la fusta, que me azotara, deseando como una loca complacerlo en todo. Pareció adivinar mis pensamientos y, tras sacar su enorme polla de los calzoncillos que la oprimían y despojarme de falda, descargó el primer golpe sobre mi trasero.
ZAS!
Y después vino un segundo
ZAS!
Y un tercero
ZAS!
Y muchos más, tantos que perdí la cuenta ya que estaba demasiado entretenida en intentar no hacer mucho ruido, en no quejarme, para no molestar a mi Dueño que parecía estar disfrutando mucho. Aún así, me fue imposible callar por más tiempo, y de repente, me vi a mí misma haciendo algo que nunca pensé llegaría a hacer: suplicar
Parece que a mi Amo le molestó que lo sacara de su concentración ya que, en lugar de parar, descargo dos o tres golpes más en mis muslos con tal intensidad que no pude más que hundir mi cara en la cama e intentar guardar silencio. Agarró fuerte mi cabello y dando un tirón me hizo levantar la cabeza y mirarlo a los ojos, hecho esto sujetó su verga frente a mis hambrientos labios y dijo:
-¡Métela en tu boca, vamos! Deprisa! No quiero escuchar ni un solo gemido más, así que lámeme bien, dame más placer del que ya obtengo azotándote.
Yo comencé a lamer, a chupar Su polla lo mejor que sabía, sólo deseaba complacerlo, así que me concentré por completo en que mi Amo se corriera. Poco a poco los azotes se fueron haciendo más pausados, más suaves y, en lugar del ruido de la fusta, comenzaron a escucharse en toda la habitación los fuertes gemidos de mi Señor; con cada gemido empujaba más y más mi cabeza, hasta que en un momento se quedó completamente quieto y, tras un sonido gutural, comenzó a descargar toda Su leche dentro de mi boca, dentro de mi garganta y mis entrañas, hasta que quedó completamente seco y ahíto de placer.
-No ha estado mal perrita, nada mal, creo que me divertiré contigo
Después de hacerme limpiarle me tumbó con cuidado boca abajo y me estuvo acariciando hasta que quedé profundamente dormida.
posted by azulada at 21:15
4 Comments:
Me encantan tus relatos de "la primera vez...". Me gusta esa reticencia que tienes al principio a querer darte. La lucha que hay en tí en ser rebelde y esperar que te doblegue siempre. En el fondo buscas el castigo, porque sabes que es lo que te excita.
Además, siempre que te leo, me inflamas la mente y me haces que se me ocurran cosas nada buenas :)
Un beso.
Oimar.
Las fotos fueron utilizadas e inspiradoras del último relato de Nicolás...
http://nicolaspoetamaldito.blogspot.com/
uff,madre mía, no estoy yo para leer estas cosas, muy sensual,besos
Hola azulada, vengo en respuesta a tu visita, un blog precioso, vivencias preciosas y cargadas de excitación.... un comienzo nada fácil, y admirable por tu comportamiento..... felicidades por la narración.
Me he dado cuenta de que también estás sin Amo ahora......
Besos
Thai
Publicar un comentario
<< Home